Dos gaviotas, como una pareja enamorada, se detienen un instante en su vuelo para contemplar juntas el horizonte.
No necesitan palabras, solo la compañía del otro y el vaivén del mar para sentirse en casa.
En su quietud hay complicidad, promesas no dichas, y ese tipo de amor que no busca impresionar, tan solo estar.
Compañeros del viento y el océano, testigos de una eternidad compartida.

Comentarios
Publicar un comentario